De los santos que aparecen en los bajos de la capilla podemos contemplar, de derecha a izquierda, con la mirada puesta hacia el sagrario, con motivos eucarísticos:
José Sarto, después Pío X, nació en Riese, poblado cerca de Venecia, Italia en 1835 en el seno de una familia humilde. Escogió el nombre de Pío. Tres eran sus más grandes características:
La pobreza: fue un Papa pobre que nunca fue servido más que por dos de sus hermanas para las que tuvo que solicitar una pensión para que no se quedaran en la miseria a la hora de la muerte; La humildad: siempre se sintió indigno del cargo de Papa; La bondad: Nunca fue difícil tratarle pues siempre estaba dispuesto a mostrarse como padre bondadosos con quien necesitara de él.
Decretó la autorización para que los niños pudieran recibir la comunión desde el momento en que entendían quien está en la Santísimo Sacramento. Fundó el Instituto Bíblico para perfeccionar las traducciones de la Biblia y nombró una comisión encargada de ordenar y actualizar el Derecho Canónico. Promovió el estudio del Catecismo.
Murió el 21 de agosto de 1914 después de once años de pontificado.
Estas palabras resumen la vida y espíritu de Clara: «Yo, Clara, sierva de Cristo, pequeña planta de nuestro Padre Francisco, quiero seguir a Cristo tras las huellas de San Francisco en pobreza, humildad y caridad». Nació en Asís en 1194. A los 18 años se consagró a Cristo. Inició una vida de pobreza radical, renunciando a todo lo que tenía y prometiendo vivir sin poseer nada. Comenzaba así la Segunda Orden Franciscana: Las Damas Pobres o Clarisas. Dos veces logró hacer huir a los sarracenos, con solo mostrarles la custodia con el Santísimo Sacramento (1240), o exhortando a las hermanas a la oración.
Murió en San Damián, a las afueras de Asís, el 11 de Agosto de 1253.
«Vete en paz ya que has seguido el buen camino; vete confiada, ya que tu creador te ha santificado, custodiado incesantemente y amado con la ternura de una madre con su hijo". "Oh Dios, bendito seas por haberme creado». Estas fueron las últimas palabras de esta gran mística llena de alegría y de amor a Dios y a los hombres.
Nació en la ciudad de Sevilla. Su padre era virrey de Nápoles. En su casa se repartían grandes limosnas a los pobres, a muchísimos enfermos y abandonados. Cuando lo nombraron Arzobispo de Valencia, llegó allá sin un solo centavo. Muchas veces en la vida le sucedió quedarse sin ningún dinero, por repartirlo todo entre los pobres. Le agradaba mucho dar clases de catecismo a los niños. El en persona los preparaba a la Primera Comunión. La gente veía con agrado al Arzobispo sentado en un taburete en la mitad del patio, rodeado de muchos niños, ensañándoles el catecismo. La Santa Misa la celebraba con tal devoción que al acólito le decía que después de la elevación podía retirarse, pues él duraba hasta dos horas en éxtasis allí ante Jesús Sacramentado.
Murió en enero de 1611.
Le pusieron por nombre Pascual, por haber nacido el día de Pascua (del año 1540). Nació en Torre Hermosa, Aragón. Es el patrono de los Congresos Eucarísticos y de la Adoración Nocturna. Desde los 7 años hasta los 24, fue pastor de ovejas. Después será hermano religioso, franciscano. Su más grande amor durante toda la vida fue la Sagrada Eucaristía. Decía el dueño de la finca en el cual trabajaba como pastor, que el mejor regalo que le podía ofrecer al niño Pascual era permitirle asistir algún día entre semana a la Santa Misa. Desde los campos donde cuidaba las ovejas de su amo, alcanzaba a ver la torre del pueblo y de vez en cuando se arrodillaba a adorar el Santísimo Sacramento, desde esas lejanías.
A los 24 años pidió ser admitido como hermano religioso entre los franciscanos. Durante el día, cualquier rato que tuviera libre lo empleaba para estarse en la capilla, de rodillas con los brazos en cruz adorando a Jesús Sacramentado. Por las noches pasaba horas y horas ante el Santísimo Sacramento. Hablaba poco, pero cuando se trataba de la Sagrada Eucaristía, entonces sí se sentía inspirado por el Espíritu Santo y hablaba muy hermosamente. Había recibido de Dios ese don especial: el de un inmenso amor por Jesús Sacramentado.
Murió en la fiesta de Pentecostés de 1592, el 17 de mayo (la Iglesia celebra tres pascuas: Pascua de Navidad, Pascua de Resurrección y Pascua de Pentecostés. Pascua significa: paso de la esclavitud a la libertad).
Esta mujer heroica que nació en Madrid en 1809, tuvo que pasar por situaciones verdaderamente amargas, antes de llegar a la santidad. El Padre Carasa le recomendó que se entrevistara con una dama muy santa llamada María Ignacia Rico. Así lo hizo y entonces aquella caritativa mujer la llevó al hospital San Juan de Dios, donde estaban las mujeres de vida licenciosa, que caían enfermas. La santa afirma que «allí sufren el olfato, la vista, el tacto, los oídos» y que «todos los sentimientos tienen allí ocasión para padecer». Micaela ni siquiera sabía que existía esa clase de mujeres y nunca se había imaginado que los hombres dieran un trato tan injusto y cruel a esas pobres criaturas, después de haberlas corrompido. Aquel espectáculo del hospital fue para Micaela como una revelación del cielo. Con su amiga María Ignacia consiguieron una casita para llevar allí las muchachas en peligro para preservarlas, y a las que ya habían sido víctimas. Y sucedió entonces que alrededor de Micaela hubo una verdadera tormenta de incomprensiones y abandonos aun de sus mejores amistades. ¿A quién se le iba a ocurrir que una mujer de la más alta clase social, emparentada con las familias más ricas y famosas de la capital, se fuera a dedicar a cuidar prostitutas? Todas sus antiguas amistades se negaron a ayudarle, y ya ni la reconocían como amiga.
Al Sr. Arzobispo le llevan cuentos y calumnias y entonces él envía a un sacerdote para que saque de la Casa de Micaela el Santísimo Sacramento. Cuando el sacerdote llega, la santa se dedica a orar por él, y éste, después de rezar unos minutos de rodillas, cambia de parecer y se va sin llevarse el Santísimo Sacramento.
Ella recuerda lo que decía San Francisco de Sales: «Dios sabe qué tanta cantidad de buena fama necesito, y El me concederá la suficiente buena fama para que pueda seguir trabajando por las almas». El 6 de enero de 1859, con siete compañeras funda la Comunidad de Hermanas Adoratrices del Santísimo Sacramento, dedicadas a adorar a Cristo Jesús en la Eucaristía y a trabajar por preservar a las muchachas en peligro, y a redimir a las pobres que ya cayeron en los vicios y en la impureza. En el año 1856 al saber que en Valencia había estallado la terrible peste del tifo, se fue allí a socorrer a los apestados. Y se contagió de la mortal enfermedad.
El 24 de agosto de 1856 murió.
Tuvo el privilegio de ser amigo y consejero de seis santos: San Ignacio de Loyola, Santa Teresa, San Juan de Dios, San Francisco de Borja, San Pedro de Alcántara y Fray Luis de Granada.
Dicen que él es la figura más importante del clero secular español del siglo XVI. Nació en el año 1500. De una familia muy rica, al morir sus padres repartió todos sus bienes entre los pobres y después de tres años de oración y meditación se decidió por el sacerdocio.
A sus discípulos les decía: «Las almas se ganan con las rodillas». Dios le concedió a San Juan de Avila la cualidad especialísima de ejercer un gran ascendiente sobre los sacerdotes. Por eso el Sumo Pontífice lo ha nombrado «Patrono de los sacerdotes españoles».
Tres temas le llamaban mucho la atención para predicar: la Eucaristía, el Espíritu Santo y la Virgen María. Una de sus cualidades más admirables era su gran humildad. A pesar de sus brillantes éxitos apostólicos, siempre se creía un pobre y miserable pecador. Cuando estaba agonizante vio que un sacerdote lo trataba con muy grande veneración y le dijo: «Padre, tráteme como a un miserable pecador, porque eso es lo que he sido y nada más» El 10 de mayo del año 1569, diciendo «Jesús y María» murió santamente. Jesús, al instituir la Eucaristía, quiso relacionar, tanto su signo de banquete como su significado profundo, con una serie de acontecimientos y profecías de la Antigua Alianza.
De ahí que los escritos del Nuevo Testamento, y la propia liturgia eucarística, utilicen con frecuencia una serie de pasajes del Antiguo Testamento, a los que consideran como figuras de la Eucaristía y también como claves para entenderla: «Aunque Cristo estableció con su sangre la nueva alianza, los libros íntegros del Antiguo Testamento, incorporados a la predicación evangélica, alcanzan y muestran su plenitud de sentido en el Nuevo Testamento y a su vez lo iluminan y lo explican» (Vaticano II, Dei Verbum, 16)
El conjunto pictórico de la capilla, todo el centrado en el Don de Dios, la Eucaristía, se inicia con el fresco que corona el altar mayor: Moisés, Aarón y el Maná. Durante la peregrinación por el desierto y ante las protestas del pueblo por falta de provisiones, Dios hizo llover del cielo un pan misterioso, al que los israelitas llamaron «maná».
Lo tenían que recoger cada día, sin guardar nada para el día siguiente (cf. Ex 16)
Jesús, en su discurso eucarístico, dijo:
«Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo. Es mi Padre quien os da el verdadero pan del cielo... Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que come de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne» (Jn 6,32.51) Con esto quiso decirnos que la Eucaristía es el alimento definitivo que, día a día, nos fortalece en nuestro camino hacia el Padre.